Dresde

La joya de Alemania

A Dresde se la conoce como la Florencia del Elba, y es un título bien merecido. Los príncipes electores sajones la convirtieron en su capital al inicio de la Reforma Protestante y como fue embellecida como sede de uno de los mayores estados alemanes. 

Sin embargo, los edificios que vemos al pasear por sus calles no son los originales. La historia de Dresde es turbulenta y llena de saqueos y destrucciones; la última de ella en la Segunda Guerra Mundial, cuando los bombarderos británicos la arrasaron pero no la única. 

Los sajones pueden estar orgullosos de haber sido capaces de alzarse una y otra vez de sus cenizas. La ciudad se ha esforzado por recuperar su antigua gloria, heredera de los tiempos del barroco y el rococó en el siglo XVIII y engrandecida en el siglo XIX cuando se convirtió en el área más industrializada y rica de todo el Imperio Alemán. 

Cómo llegar a Dresde, Alemania.

Dresde se encuentra a medio camino entre Praga y Berlín.

Dependiendo de dónde vengáis os vendrá mejor una opción u otra, pero personalmente soy fan de los trenes alemanes; un viaje directo tarda dos horas desde Berlín y pueden encontrarse bien de precio. 

Ir a Dresde en Coche

Hay tres grandes autopistas que pasan cerca de la ciudad: la A4 desde el Oeste y el centro de Alemania, la A13 desde Berlín hasta Rostock en el Báltico, y la A17 se dirige hacia el Sur, conectándola con Praga. 

Ir a Dresde en autobus o tren

Para llegar tanto en autobús como en tren a Dresde, hay dos estaciones, la Hauptbahnhof en el Altstadt y la Bahnhof Dresden-Neustadt al otro lado del río.

Nuestra recomendación para llegar desde Praga a Dresde sería en autobus con la compañía FlixBus.

Llegar a Dresde en avión

Dresde tiene un aeropuerto internacional relativamente cerca de la ciudad, aunque tiene más vuelos a zonas que los alemanes consideran turísticas que para visitar la ciudad así que seguramente tengáis que hacer alguna escala en Múnich, en Frankfurt o en Colonia. 

Qué ver en Dresde


Mapa de Dresde

El casco histórico de Dresde está dividido por el Elba entre el Altstadt (ciudad vieja) y Neustadt (ciudad nueva), que separan el núcleo medieval inicial de las ampliaciones posteriores. 

La reconstrucción de la ciudad corrió inicialmente a manos de la República Socialista Alemana, la vieja RDA. Los soviéticos y sus aliados no eran muy partidarios de la celebrar la Historia, prefiriendo una visión nueva del arte en general y de la arquitectura en particular, tratando de dejar su propia impronta. Esto se nota especialmente en el Neustadt

Neustadt
Barrio de Neustadt

Eso no quiere decir que haya que olvidarnos de esta parte de la ciudad tan rápidamente. El Kunsthofpassage es un grupo de patios de edificios conectados entre sí por un pasaje en el que se reúne la vida bohemia de la ciudad: hay cafeterías, terrazas, tiendas, murales… Todo lo que se puede esperar de un espacio recuperado tan habitual en las zonas que estuvieron al otro lado del telón de acero. Si has estado en Cracovia, te recordará a la antigua tabacalera. 

También tiene la Pfunds Molkerei, que se considera la lechería más bonita del mundo y sirvió de inspiración para la estética de la película “El Gran Hotel Budapest”. Aunque no sea muy grande y esté prohibido hacer fotos, es uno de los destinos tradicionales de Dresde y hogar de la Buttermilk, una de las bebidas tradicionales alemanas. Además, sus alrededores están llenos de arte urbano que contrasta mucho con el interior de la lechería. 

Sin embargo, la mayor parte del atractivo turístico se encuentra en el Altstadt. Por el camino nos encontramos la estatua del Jinete Dorado, el Goldener Reiter. Representa a Augusto el Fuerte, que no solo fue Duque de Sajonia sino también Rey en Polonia. Si tenéis tiempo de desviaros, también podéis visitar el Jardín Japonés de Dresde, un palacio barroco construido por el mismo rey, de inspiración asiática en pleno siglo XVIII que contiene el Museo Prehistórico Estatal, aunque sus jardines también son muy interesantes. 

terraza del Brühl
La terraza del Brühl

Al otro lado del río, nos encontramos lo primero la terraza del Brühl, desde la que se contempla uno de los conjuntos arquitectónicos más bonitos de la ciudad; es el mejor lugar donde hacer una parada para descansar antes de entrar a visitar la parte más antigua de la ciudad. 

Desde ahí se ve la Frauenkirche, uno de los símbolos de Dresde. Está en la Neumarkt Platz, donde en Navidad se coloca una pista de hielo para patinar. Es una iglesia luterana de estilo barroco, terminada de reconstruir en 2005. La entrada vale 8 euros, pero merece la pena subir a lo más alto de la torre, desde donde se ve toda la ciudad. 

Fürstenzug o Paseo de los príncipes de Dresde

Más abajo, en la Augustusstrasse, se encuentra el Fürstenzug o Paseo de los Príncipes. Este es uno de los pocos monumentos que sobrevivieron a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, y cuando los veas entenderás por qué es un milagro. Son 24.000 azulejos de porcelana de Meissen, una cercana ciudad en la que se consiguió hacer la primera porcelana de Europa, que se representan a todos los gobernantes de la ciudad. Teniendo en cuenta que se terminó en 1909, cuando gobernaba el último Rey de Sajonia, no necesitó de ampliaciones posteriores. 

Residenzschloss

Este impresionante paseo se encuentra los exteriores del Residenzschloss. Este palacio era la Corte de los príncipes de Sajonia, y tiene representaciones de varios estilos arquitectónicos, según la moda que correspondiera desde el Románico hasta el Barroco; incluso, los últimos reyes de Sajonia construyeron una sección neorrenacentista. 

La sala más famosa e importante es la Bóveda Verde, la Grüne Gewölbe. En ella se encuentran todos los tesoros que fue acumulando la dinastía Wettin durante siglos hasta crear la mayor colección de joyas de Europa. Tiene nueve salas divididas por las temáticas de cada una, y normalmente se dividen entre la colección histórica y la exposición moderna. 

Muy cerca se encuentra la catedral católica, la Hofkirche. Es una catedral algo particular, dado que se construyó en el siglo XVIII en un territorio de mayoría luterana. Aunque en ese entonces la religión ya no era una causa de guerra, todavía tenía una gran importancia política. Los duques de Sajonia habían sido tradicionalmente los principales defensores del protestantismo pero al convertirse en reyes de Polonia, tuvieron que bautizarse como católicos. 

Esta catedral muestra todas estas contradicciones. Por ejemplo, los techos son particularmente altos para poder hacer procesiones, prohibidas en la ciudad desde los tiempos de la Reforma. Está construida en arenisca y sus exteriores son particularmente llamativos. Se construyó al mismo tiempo que la Frauenkirche, pero como enseguida comprobaréis, costó bastante más dinero. 

Su historia no acaba ahí. Aunque siempre fue la principal iglesia católica de la ciudad, y de hecho es el mayor edificio religioso de todo el estado, no fue catedral hasta 1980. Además, fue uno de los lugares más afectados por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, y todavía se puede distinguir qué partes se reconstruyeron por el color de las piedras. Aún hoy, sigue sirviendo de mausoleo real, albergando las tumbas de los duques y príncipes posteriores a su construcción. 

Zwinger

El siguiente gran monumento es el Zwinger, un palacio inspirado en Versalles. Se concentra en torno a una gran plaza central dado que ocupa el antiguo espacio de una fortaleza del antiguo anillo de fortificaciones de Dresde. Fue uno de los primeros monumentos en ser reconstruidos tras la Segunda Guerra Mundial, y se puso especial cuidado en recuperar su antigua gloria. 

Puerta de Kronentor

Tradicionalmente lugar de fiestas reales, la parte más conocida es la puerta Kronentor, uno de los puntos más fotografiados de toda la ciudad, con el escudo de la monarquía polaca en lo alto. Sin embargo, mi parte favorita es la fuente de las ninfas, la Nynphenbad, un poco escondida pero que precisamente por eso suele ser bastante tranquilo. 

Opera de Dresde o Semperoper

La ópera estatal, el Semperoper, es un edificio particularmente importante y por eso lo hemos dejado para el final. Terminado de reconstruir en 1985, el edificio anterior se inició en 1871, el año en el que se unificó Alemania. Sustituía a otro que había sido destruido por las llamas dos años antes, y se trataba de representar el espíritu de la ciudad. La ópera era el principal movimiento musical durante el siglo XIX, y uno de los principales centros sociales de cualquier centro urbano, donde la gente con dinero iba a ver y dejarse ver. 

Catedral de Dresde
Catedral de Dresde

Por eso, era importante tanto que el edificio sirviese de símbolo. Arquitectónicamente, significa que se construyó en estilo neobarroco, imitando el estilo más simbólico de Dresde. En la entrada hay dos grandes estatuas de los dos mayores poetas alemanes, Goethe y Schiller; este último compuso su Oda a la Alegría en Dresde, que más tarde sería el himno de la Unión Europea con la música que le dio Beethoven en su Novena Sinfonía. 

Por último, y ya como curiosidad, en la misma ribera del río pero algo apartado del barrio antiguo se encuentra la antigua fábrica de tabaco Yenidze. Aunque pueda parecer una mezquita, en realidad se debe a que los constructores del edificio, en 1907, procedían del Imperio Otomano y querían que tuviera un aspecto bizantino. En la actualidad es un edificio de oficinas, pero también tiene uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad. 

Sin embargo, una muy buena forma de conocer toda la ciudad es subirse al bus turístico, que tiene grabaciones en español que explican bastante bien la historia de Dresde

Si os vais a quedar más tiempo, quizás os apetezca salir de la ciudad. Desde Dresde hay varios cruceros a lo largo del río Elba, o rutas turísticas por los viñedos de los alrededores. En la cercana ciudad de Meissen está la fábrica de las cerámicas que veréis por todo Dresde, y hay varias rutas en bicicleta tanto dentro de la ciudad como por los alrededores del Estado. 

Espero que disfrutéis de vuestra visita en Dresde, dejaros vuestros comentarios de vuestra visita.

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