Tokio

Lo primero que has de tener en cuenta al viajar a Japón es que se trata de una cultura muy diferente a la nuestra y su manera de comportarse dista mucho de la que acostumbramos. Los japoneses eluden de manera sistemática el contacto físico, pero serán sumisos y excesivamente cordiales a la hora de recibir a turistas extranjeros. Un inconveniente a tener en cuenta es que, a pesar de lo que podamos creer, su inglés deja mucho que desear. Incluso en los hoteles más internacionales encuentran dificultades para expresarse en esta lengua y a esto hay que añadir su inverosímil, para nosotros, pronunciación que añadirá más incertidumbre y confusión a la hora de comunicarnos. No obstante, al final te acabarás entendiendo de cualquier forma porque son muy tozudos y no paran hasta cumplir su servicio satisfactoriamente.

Cruce de Shibuya
Cruce de Shibuya

Una vez en Tokio te sorprenderán, por mucho que lo hayas visto en películas o reportajes, las aglomeraciones en las calles y la gran cantidad de edificios inacabables en cuanto a su altura. Los anchísimos pasos de peatones, en especial el de la estación de Shibuya, llamado Scramble Kousaten, que es el paso de cebra más transitado del mundo, se convierten en hormigueros de los que emanan viandantes de lo más variopintos en dirección hacia los distintos puntos de la ciudad.

Lo más recomendable es viajar en primavera para evitar el calor asfixiante y deshidratante del verano y para disfrutar de la frondosa vegetación, con los cerezos en flor como paradigma de la belleza natural y nacional.

Aunque la ciudad es muy extensa, gracias a su gran sistema de transporte público podemos movernos sin problemas por Tokio. Las 13 líneas de suburbano que ofrecen entre las dos corporaciones públicas, Toei y Tokyo Metro, llegan a todos los puntos del centro. Pese a las imágenes de aglomeraciones claustrofóbicas en las que los operarios del metro tienen que empujar a los viajeros para entrar en el vagón, si no utilizas este transporte en hora punta, no habrá problemas de espacio. Además, el tren, o Japan Railways (JR), complementa el servicio y se ha de utilizar para trayectos más largos hacia las zonas periféricas de Tokio.

El punto neurálgico por excelencia es Shinjuku, barrio donde está situada la estación más transitada del mundo. El hecho de que cuente con más de 200 salidas a la calle da muestra de lo monstruosa que es esta estación. Dada su importancia como nexo de unión, podemos utilizar Shinjuku como punto de partida, ya que desde aquí se puede partir a cualquier zona de la ciudad.

A partir de aquí plateamos una ruta a seguir durante una corta visita a Tokio. Las horas son orientativas y los planes pueden variar según los gustos y necesidades de los viajeros. Lo más importante es que lo esencial y que no te puedes perder en la ciudad más poblada del mundo:

DÍA 1: Itinerario turístico en Tokio

9.00 h.- La extensión colosal de la estación de Shinjuku permite encontrar en ella numerosos comercios. Elegiremos cualquiera de ellos para desayunar y coger fuerzas para el resto del día. En Japón no son muy dados a la elaboración de desayunos como tal o al menos como nosotros los entendemos. Normalmente su desayuno casero se compone de pescado a la parrilla, acompañado de arroz blanco, sopa de miso y judías fermentadas llamadas natto, pero no estamos acostumbrados a estos alimentos nada más levantarnos y en las cafeterías no suelen servirlo. Las cafeterías que podremos encontrar en el país nipón son en su mayoría más del tipo francés así que cualquier establecimiento nos valdrá para tomar un café o un zumo y comer una tostada. Es decir, no debemos perder el tiempo buscando un sitio específico para desayunar. Pasear por las calles de Shinjuku nos dará una idea de lo que es el corazón de Tokio y gracias a las aglomeraciones que aquí tienen cabida comprenderemos cómo es posible que la ciudad cuente con más de 13 millones de habitantes y un área metropolitana de más de 35. Los típicos edificios muy altos y con carteles luminosos copan esta zona. Aquí se encuentra la sede del Gobierno Metropolitano de Tokio. Si queremos abstraernos del ajetreo propio de este enorme barrio e introducirnos en una zona más auténtica, deberemos ir al Shinjuku Golden Gai o ciudad dorada. Contrasta con las anchas avenidas al acoger callejones, edificios bajos y calles más tradicionales. En definitiva, es como si fuera la parte antigua y con más encanto de la zona.

El área de Kagurazaka también es digna de ser visitada. Se encuentra en el centro de la ciudad, parada de metro de Idabashi, y aquí se hallan muchos viejos restaurantes, así como puestos tradicionales para comprar. Este antiguo barrio de geishas tiene ahora presencia francesa debido a dos colegios franceses y a varios cafés.

 

10.30 h.- Después de cargar energía podemos ir a visitar las construcciones que más merecen la pena en Tokio. Y no son los rascacielos ni modernos edificios, sino los tradicionales templos sintoístas y budistas que están presentes por todo el país. La zona de templos de la capital nipona por excelencia es Asakusa. Allí multitud de visitantes se agolpan admirando la elegancia arquitectónica propia de los lugares de culto tanto del Budismo como del Sintoísmo. Este distrito se caracteriza por contar con los edificios más antiguos de la ciudad y este aspecto tradicional de Asakusa también se demuestra con la presencia de geishas, más numerosas en ciudades como Kioto. Lo más recomendable es llegar hasta el templo Sensoji atravesando Kaminarimon (que quiere decir la puerta del rayo; kaminari rayo y mon puerta), un ancho pasillo recorrido por numerosos comercios tradicionales. El hecho de que el templo budista de Sensoji, dedicado a la diosa Kannon, se construyera en el siglo VII nos indica la importancia histórica del lugar. Pese a ello, el templo fue reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial, ya que durante esta contienda la mayor parte del patrimonio histórico de Japón fue destruido.  En este emplazamiento también se puede visitar el santuario Sanja sama, dedicado a varias deidades sintoístas.

En definitiva, esta zona de Asakusa es de obligada vista para pasar una mañana observando edificios grandiosos y rituales autóctonos, todo ello rodeado de una atmósfera que evoca el período Edo de la ciudad, época que va desde principios del siglo XVII a finales del siglo XIX. Por cierto, si se tiene la posibilidad de viajar a mediados de mayo se puede coincidir con el Festival Sanja, uno de los más populares del país, en el que se sacan mikoshis, especie de templete, para portarlos en procesión.

13.30 h.- La estancia en Asakusa requiere de mucha dedicación  y de seguro nos entretenemos en los comercios dispuestos de manera atractiva rodeados de un ambiente espiritual. Al acabar nuestra visita a templos y santuarios ya empezamos a sentir hambre y tenemos que elegir algún sitio para comer. Para ir paso a paso, podemos dirigirnos al distrito de Ginza. Según las preferencias de cada comensal, se puede optar por una comida sencilla y barata como el ochazuke, consistente en arroz que puede ir acompañado de salmón y furikake y bañado por té verde. Un establecimiento que ofrece esta especialidad a buen precio es el Komeraku Komeraku, aunque está más cerca de la estación de Shimbashi que de la de Ginza. También nos podemos decantar por el tonkatsu. Este filete de cerdo empanado a la manera japonesa resulta delicioso y es muy popular entre los nipones. Además los orígenes de este plato están precisamente en Ginza. Otra de las opciones que barajaríamos para ir a comer sería la del udon. Aquí la especialidad es el fideo grueso en sopa acompañado de carnes, pescados o vegetales. El Kanbun Gonendo está situado muy cerca de la estación de Ginza y su precio es muy asequible.

Esta zona, además, es muy propicia para ir de compras y también se puede venir de noche ya que cuenta con muchos lugares para tomar algo. Paseando por sus calles nos llamará la atención el edificio Sony, al que hay que entrar y recorrer sus ocho plantas en las que podremos probar distintos productos de la marca electrónica. Además, en Ginza uno de los principales reclamos es el espectacular y prestigioso teatro Kabuki. El nombre responde a un tipo de teatro tradicional japonés iniciado entre finales del siglo XVI y principios del XVII. Esta forma de hacer teatro ofrece elementos muy característicos que solo se pueden ver en Japón tales como el elaboradísimo maquillaje que lucen los actores o que los personajes solo son interpretados por hombres, incluso cuando son roles femeninos, desde mediados del siglo XVII. Si los viajeros se lo pueden permitir, los precios son elevados, no pueden dudar en asistir a la representación de un drama kabuki, un teatro popular nada refinado pero simplemente único en el mundo.

16.00 h.- Tras una mañana entre la multitud que se agolpa entre los mercados y los centros dedicados al culto religioso es hora de relajarse y pasear tranquilamente. Para ello podemos desplazarnos a uno de los espacios verdes más importantes de la capital: el parque Ueno. Situado a tan solo dos paradas de metro de Asakusa, Ueno nos proporcionará el período de asueto necesario para proseguir con el viaje. De connotaciones históricas, y dotado de varios museos, como el Museo Nacional de Tokio, y un zoológico, el parque de Ueno es el lugar idóneo de esparcimiento. Disfrutar de la charca Shinobazu o del santuario Toshogu (1627) son algunos de los reclamos del que fue el primer parque en la historia de Tokio. Otro de los principales atractivos es la inmensa concentración de cerezos, árbol nacional japonés. Para contemplar el espectáculo florido de este más de millar de ejemplares es recomendable acudir en primavera. Este espectáculo visual recibe el nombre de hanami. Se trata de una palabra compuesta por hana que significa flor y el verbo miru que significa ver, por lo tanto hanami quiere decir “ver las flores”. Entre finales de marzo y principios de abril los parques rebosan de familias enteras, parejas de enamorados, grupos de amigos, abuelos con sus nietos y todo tipo de colectividades que aprovechan este momento del año para llevarse a los parques comida y bebida y disfrutar del picnic por antonomasia. Una de las curiosidades que presenta el parque Ueno es que se sirve de refugio para personas que han perdido su empleo y vienen aquí durante las horas de su supuesta jornada laboral para que sus familias no sospechen, ya que no les han notificado el despido al suponer una gran deshonra.

18.00 h.-  Muchos de los turistas que viajan a Japón y se sienten atraídos por su cultura conocen de primera mano el manga. Este comic típico japonés constituye un elemento artístico y cultural único y se podría decir que se trata de una referencia comunitaria. La gran variedad de temas, autores y públicos del manga conforman un inmenso mercado donde también encuentran su espacio los derivados como el anime, versión animada del manga, y todo tipo de merchandising asociado a él. Este universo se puede contemplar por todo el país, pero el barrio de Akihabara es el paraíso de los seguidores de este arte. Innumerables tiendas de todos los tamaños, llegando a dedicarse cinco pisos para los artículos creados por los mangakas de más éxito, ocupan las calles de Akihabara. Sin duda, los otakus, fans incondicionales en este caso del manga y del anime, sentirán que este es su lugar en el mundo. Pero aunque no te atraiga especialmente este tema, estos comercios son de obligada visita para entender parte de los usos sociales japoneses. Realmente y para ser justos, los otakus tienen muy mala imagen en la sociedad japonesa. Que todo japonés haya visto o leído manga alguna vez no le convierte en otaku. Los otakus son minoría, pero aun así son muchos y son los que sostienen la industria del manganime. No obstante, la gente de a pie consume manga como quien aquí lee un libro, por eso conforma una industria millonaria que llega no solo a los fanáticos, sino también a la gente normal. Personajes de series tan aclamadas como ‘One Piece’ o ‘Dragon Ball’ aparecen en artículos y anuncios de todo tipo, incluso de compañías de seguros y bancos, y hasta en preservativos (como es el caso de ‘Hokuto no Ken’ o ‘El puño de las estrella del Norte’).

Este barrio también es conocido por la zona electrónica, por lo que podrás encontrar, como en muchas zonas de la ciudad pero en mayor concentración, infinitas tiendas dedicadas a aparatos de este tipo. Durante muchos años Japón ha sido la tierra de la tecnología y aquí lo podrás comprobar. Además, el hecho de que los productos sean de fabricación nipona provoca que los precios sean mucho más bajos de lo que nos podríamos encontrar en cualquier país de Europa. Recorrer esta zona repleta de tiendas y de mujeres disfrazadas de personajes de las historias que más venden invitándote de manera insistente a entrar a los edificios comerciales resultará extenuante pero merecerá la pena.

20.30 h.- La intensa ronda por los ajetreados comercios del barrio electrónico y más friki de Tokio hace que nos tengamos que retirar a descansar durante un momento para asearnos, ponernos guapos y prepararnos para ir a cenar y salir a dar una vuelta por la noche.   

Para encontrarnos con los mejores sitios para cenar es necesario desplazarse casi hasta la otra punta y llegar al barrio de Shibuya. Todo aquel que haya tenido la intención de viajar a Japón y sienta atracción hacia su cocina está obligado a comer el sushi auténtico acompañado del delicioso sashimi. Aunque ya se pueda comer buen sushi casi en cualquier parte del mundo, degustarlo en su lugar de origen, con la preparación y el ambiente más propios, es otra historia. Para nuestros viajeros que no anden con una cartera muy boyante, ya que el viaje se ha llevado gran parte de nuestro presupuesto, un local recomendable sería el Standing Sushi Uogashi Nihon-Ichi. Esto no quiere decir que sea un sitio cutre, no en vano la calidad de esta cadena de restaurantes es de las más reconocidas. Con un precio medio de 100 yenes por pieza, puedes elegir entre diez tipos distintos de sushi. Además tendrás que comer de pie y experimentar un acto social típico japonés llevado a cabo en los bares. Luego tú decides si merece la pena. Otras cadenas dedicadas al sushi y con buena fama son Hamzushi y Madoka.

Si prefieres cenar tranquilamente sentado, no van a faltar los restaurantes en esta zona como el Tokko Chinin’Yaro o Chicken Yarou. Aquí puedes encontrar una amplia variedad de comida local de gran calidad y a un precio muy asumible. Si en su lugar tienes ganas de pegarte una cena contundente, puedes ir a probar el yakiniku del restaurante Hyakuenya. Este tipo de platos aluden a la carne a la parrilla. Aquí pedirás la carne cruda y tú mismo podrás cocinar en tu mesa sobre las brasas.
Una vez hayamos llenado el estómago y hayamos degustado los sabores que nos ofrecen los fogones nipones, es hora de relajarse y dirigirse a disfrutar de la noche tokiota. En Shibuya podremos encontrar innúmeros locales para tomarte algo; desde bares hasta discotecas donde bailar los hits internacionales. Si, por el contrario, prefieres seguir la línea de emular a los locales, lo más aconsejable será ir a un karaoke. La diversión está asegurada y no te gastarás tanto dinero. Además podrás ahorrar energías para encarar con más determinación el día siguiente. Como en todas las ciudades, los fines de semana el ambiente es mucho más movido, pero durante la semana encontrarás, si buscas, lugares para pasar una buena noche. Por eso la elección del karaoke es siempre infalible.

DÍA 2: Itinerario turístico en Tokio

9.00 h.- Una manera de comenzar con buen pie el día es acudir  a Odaiba, es decir, la Bahía de Tokio. En Simbashi habremos de coger la línea Yurikamome del monorraíl y bajarnos en Daiba. Allí nos recibirá un entorno muy americano, con colosales centros comerciales y puentes, entre los que destaca el Rainbow Bridge, una llamativa noria y una  imitación de la estatua de la Libertad. Debemos acercarnos a los muelles donde encontraremos varios barcos atracados. Uno de los barcos más insignes es el de la conocida serie ‘One Piece’, en el que los aficionados podrán disfrutar de un pequeño parque temático a bordo de la embarcación.

Otra de las excentricidades de la zona de la Bahía de Tokio es la reproducción a tamaño real (18 metros) del robot Gundam de la serie homónima. Este imponente ejemplar de la serie del género mecha se encuentra en frente del centro comercial Diver City Tokyo Plaza. Parece que recientemente se está sopesando un proyecto para dotar al titán de movilidad.

Pasear por esta zona única en Tokio y disfrutar contemplando su estampa natural contrastará con la sensación abrumadora de toparse con las inmensas construcciones más identificadas con la faceta artificial de la ciudad.

11.00 h.- Es imperdonable no visitar el mercado de pescado más grande del mundo. Para llegar aquí hay que montarse en la línea Hibiya y apearse en Tsukiji, nombre del propio mercado, que en su enorme extensión aguarda pescados de lo más variado y llamativos. Luego, podemos evadirnos del olor que despide el mercado desviándonos cinco minutos andando hasta los jardines Hamarikyu. De ambiente muy apacible y de reminiscencias de épocas históricas, los grandes lagos que conectan con la bahía, la vegetación colorida y su casa del té destacan entre sus paisajes.

13.00 h.- Siguiendo la línea de monumentos inspirados en otros iconos internacionales, tocaría  ir a ver la Torre Tokio, situado en el distrito de Minato. Para acceder a ella tenemos dos posibilidades: bajarnos en Akabanebashi (Línea Oedo) o en Kamiyacho (Línea Hibiya). A ambas estaciones de metro les separan unos diez minutos caminando de la Torre de Tokio y unos 700 metros. Este símbolo de analogías morfológicas con la Torre Eiffel pero un poco más alta y de color rojo y blanco se utiliza para transmitir señales de radio y televisión. Ascendiendo a esta torre accederemos a unas buenas vistas de la ciudad, pero, sin duda, el Skytree nos ofrecerá  una mucho mejor panorámica. El hecho de que mida casi el doble de altura (634 metros) y que sea posible subir a una azotea a casi 500 metros cuando en la Torre de Tokio solo puedes acceder como máximo al observatorio especial, justo a la mitad de elevación, dota al Skytree de unas características especiales . Esta nueva construcción, concluida en 2012, se realizó para satisfacer las necesidades de emisión de señales que no cubría la Torre de Tokio. La iluminación del Skytree por la noche lo convierte en uno de los nuevos atractivos de la ciudad, pero si acudes durante el día las vistas también serán espectaculares, ya que se trata de la torre más alta del mundo. Aunque lo más interesante está en llegar a la cima para observar el perfil de Tokio, en la planta baja cuenta con un centro comercial con un acuario. El Skytree se localiza en una zona inmejorable, custodiado por el río Sumida y muy cerca de la estación de metro de Oshiage.

Para llegar tanto a Oshiage como antes a Akabenabashi nos tendremos que valer del sistema de líneas Toei. Lo ideal sería aprovechar para ir a comer entre las visitas a las dos torres. O bien en Asakusa antes de dirigirnos a ascender en el Skytree, ya que está cerca, o bien de camino entre la Torre de Tokio y el Skytree. Las alternativas a la hora de comer han de ser menos elaboradas que por la noche, ya que en ese momento tendremos más tiempo. Así que sería interesante probar un plato muy típico y completo como es el katsudon. Se trata de un bol de arroz mezclado con una chuleta de cerdo empanada, huevo y cebolla. Existen diversas variedades ya que se le pueden añadir condimentos, pero estos son los ingredientes indispensables. La cadena de restaurantes Katsuya es un lugar en el que comer un buen katsudon a un buen precio.

Cerca de Asakusa, al otro lado del río Sumida, tenemos la opción de bajarnos en Ryogoku e ir al museo Edo-Tokio. Aunque ir de museos absorbe mucho tiempo y no es recomendable para un viaje tan corto como el nuestro, los más interesados pueden sacar un hueco para visitar este museo que pretende reflejar la historia y la cultura de la época Edo en Tokio mediante la exposición de multitud de objetos originales y de réplicas. El período Edo en Japón significó la unificación del país tras casi un siglo de guerras civiles. El señor feudal Tokugawa leyasu pacificó y unificó Japón frente a los deseos de poder de los señores de la guerra de cada territorio. Durante esta época de paz no faltaron las conspiraciones para derrocar a los Tokugawa y se estableció un régimen de aislacionismo con respecto a Occidente, de persecución de los cristianos y de carácter despótico que sometía al emperador a los dictados del shogun (señor de la guerra) y que llegó hasta mediados del siglo XIX con el comienzo de la modernización y apertura del país en lo que conformaría la época Meiji.

16.30 h.- Posteriormente a pasar horas en las alturas y haber saciado nuestro apetito llega el momento de asueto. Para ello podemos elegir ir al parque Yoyogi. A este espacio verde al que podríamos comparar con El Retiro madrileño pero de la mitad de extensión se puede acceder por distintos medios. Lo más cómodo es acceder mediante el tren, es decir, el Japan Railways, ya que la línea Yamanote rodea al parque por su parte este y la parada Harajuku nos deja en una de sus puertas principales. Si preferimos acceder en metro podemos decantarnos por la línea Chiyoda, que atraviesa la zona sur del parque y bajarnos o bien en Yoyogi-Koen para entrar por la parte oeste o en Meiji-jingumae para hacerlo en la cara este. Si queremos entrar por el sector norte, deberemos bajarnos en Kita-Sando, de la línea Fukutoshin o la parada Yoyogi de la línea Oedo. En la parte central del parque Yoyogi podemos encontrarnos con el área de templos y santuarios de la época Meiji, cuando Japón comenzó a occidentalizarse, y al norte el parque cuenta con un museo dedicado a ‘tesoros’ o varios artículos que en su día pertenecieron al emperador Meiji. Este parque es ideal para pasear relajadamente e ir de picnic alrededor de los estanques. Sobre todo en primavera cuando los cerezos están en flor y dotan al Yoyogi de una estampa celestial. Este espacio también es destino de aquellos que celebran el hanami.

18.00 h.-  Aprovechando que estamos por aquí, una alternativa sería pasarnos por el museo de arte Ota Memorial, donde los más aficionados al arte nipón disfrutarán de miles de estampas grabadas en madera pertenecientes a la colección privada de Seizo Ota. Esta interesante variedad de la xilografía se empezó a realizar en el siglo XVII en la época Edo y recibe el nombre de ukiyo-e o ‘pinturas del mundo flotante’. La otra alternativa, o dependiendo del tiempo del que dispongamos podríamos combinar ambas actividades, sería pasear por Omote Sando. Esta avenida con bulevares se podría asemejar al Paseo de la Castellana en Madrid. Amplias calles, vegetación y edificios y tiendas de grandes firmas comerciales se combinan para ofrecernos una sucesión de elegancia y modernidad.

20.00 h.- Y ya llega la hora de empezar a despedirnos y qué mejor manera que divirtiéndonos. La zona idónea para este cometido es Roppongi. Lo más aconsejable es comenzar la noche alternando en los típicos Izakayas. En estos bares, muy frecuentados por los locales al término de su jornada laboral, lo ideal es ir a picar algo y tomarte unas cervezas. El ambiente festivo y en ocasiones desenfrenado te hará querer quedarte durante horas, pero debes ser fuerte y levantarte para ir a cenar.

Para la cena podemos seguir el ritmo y acudir a un establecimiento nomihoda/tabehodai, donde puedes beber y comer sin límites por un precio determinado  y durante un período de tiempo establecido (el precio suele oscilar entre los 3000-4000 yenes por dos horas). Si preguntas a los locales por la zona del centro encontrarás varios que no se diferencian entre sí.

Pero si no queremos desfasar desde tan pronto, podemos darnos un respiro y cenar en un restaurante más convencional. Así podremos degustar el delicioso yakitori en el económico Torikizoku, donde el pollo es el plato rey. Esta franquicia está presente a lo largo del país y en Roppongi podréis encontrar al menos una. Sin movernos de este barrio podemos optar por cenar tempura como colofón culinario a nuestro viaje. El Mikaku se promociona como el mejor restaurante de esta variedad de mariscos y verduras rebozadas, pero cierran los sábados y domingos y el resto de días a las diez de la noche. Respecto al temprano recogimiento lo mismo ocurre con el Mikawa y el Yamanoue, aunque estos sí abren los fines de semana. Yamanoue cierra a medianoche, pero la última comanda la tienes que pedir como muy tarde a las diez. Por eso es clave no entretenerse demasiado en el Izakaya, a no ser que recurras a la opción del Nomihodai. No obstante, sin duda el mejor restaurante para probar este plato es el Tempura Kondo, situado en Ginza y poseedor de dos estrellas Michelín. El inconveniente es que cierra aún más temprano y no abre en domingo.

Una vez consumada la última cena en territorio nipón es hora de quemar la noche. Roppongi es la zona predilecta para salir de fiesta, ya que cuenta con un sinfín de clubes nocturnos y un ambiente de marcha que nunca hubieras imaginado para este país. Eso sí, abundan los fiesteros extranjeros. Todo tipo de guiris y personas de raza negra sobresalen entre los japonenses. Si prefieres desenvolverte en la noche tokiota con un ambiente más nativo, una buena opción es ir a Shibuya, que está al lado y también cuenta con numerosas discotecas.

 

Que más ver en Tokio

Para la gente que se siente atraída por los espacios más originales, estos lugares están diseñados para ellos:

  • Restaurante Ninja Akasaka. Con una cuidada estética ninja, tanto en el establecimiento como en la indumentaria de los camareros, este restaurante ofrece una gran variedad de platos a la carta y organizados en menú. Situado al norte del distrito de Akasaka, al lado de la parada de metro Nagatacho.
  • Café vampiro: en la misma línea que el anterior, incluso acompañado de música tenebrosa, este restaurante se encuentra muy próximo a la estación de Ginza.
  • Museo Ghibli: a 12 km. del centro de la ciudad, los amantes de las películas creadas por este estudio cinematográfico como el Viaje de Chihiro o La princesa Mononoke no se lo pueden perder. Rodeado de naturaleza, a este museo se llega mediante la línea Chuo de tren y bajándose en la parada más cercana que es Mitaka (aunque los separa más de 1 km.).
  • Los jardines Rikugien parecen de ensueño por el colorido de sus árboles y por sus lagos. Puedes tomarte un té matcha con un dulce japonés. Se encuentran en la parte norte de la ciudad, cerca de la parada de Komagome (línea Namboku de metro).

 



 

 

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