3 días en Dubrovnik

Dubrovnik suele ser un destino habitual de escapadas cortas, es habitual que cuando llegamos a un lugar nuevo para nosotros estemos algo desorientados y con muchas ganas de ver cosas pero sin perdernos nada de lo importante. Por eso hemos diseñado la ruta perfecto para descubrir Dubrovnik y sus alrededores en 3 días.

Primer día en Dubrovnik

El atractivo principal de Dubrovnik es, sin duda, el casco antiguo de la ciudad. El origen del centro histórico de la ciudad proviene de la unión en el siglo XI de dos pequeñas poblaciones. La primera, estaba situada en una pequeña isla llamada Laus y la segunda, era un asentamiento eslavo que respondía al nombre de Dubrava. Al rellenar el canal que separaba una población de otra, la ciudad tomó su forma actual. Así pues, la ruta empieza descubriendo su historia a través de las calles y callejones empedrados.

El acceso a la ciudad se realiza principalmente a través de la puerta de Pile, que data de 1537. Esta entrada dispone de un puente levadizo que solía elevarse al caer la noche. Una figura de San Blas, patrón de la ciudad, corona la puerta. Una vez cruzado el puente y la puerta de Pile, entramos en el interior de la ciudad y, tras bajar algunas escaleras, gozamos de las primeras vistas del casco antiguo desde dentro y de Stradun, su calle principal.
A la derecha, se encuentra la fuente de Onofrio, cuyos orígenes datan de 1438 y que quedó dañada en una primera ocasión por el terremoto de 1667 y una segunda vez durante los bombardeos de la Guerra de la Independencia Croata.
Justo al lado de la entrada a las murallas, a mano izquierda, se encuentra el monasterio Franciscano, entre románico y gótico. Aunque el monasterio también quedó dañado por el terremoto de 1667 y su interior fue reformado, alberga un precioso claustro interior y una de las farmacias más antiguas de Europa, inaugurada en 1391.
Una vez realizada la visita podemos seguir adelante por Stradun o Placa y disfrutar de la que se considera una de las mayores plazas de Europa, si bien su forma no es exactamente la de una plaza.

Al otro extremo de Stradun, a mano izquierda, se encuentra el palacio Sponza, un edificio gótico renacentista que albergó la aduana y en el que actualmente se encuentran los archivos estatales, con documentos de hasta mil años de antigüedad. También acoge el memorial de los defensores de Dubrovnik, un tributo a aquellos que perecieron entre 1991 y 1995 intentando defender la ciudad. El palacio cuenta con la torre del Reloj, que marca las horas y minutos.

Al salir del Palacio Sponza, nos encontramos de frente con la columna de Orlando, que adorna la efigie de la escultura de un caballero, obra de Bonino de Milán y en la que ondeaba la enseña de la República de Dubrovnik como símbolo de libertad.
Después de comer en alguno de los restaurantes típicos del casco antiguo, se puede visitar la iglesia de San Blas, frente a la columna de Orlando y seguir hacia el palacio del Rector, de estilo gótico-renacentista de finales del siglo XV. El palacio alberga un museo y dispone de un patio en el que se celebran múltiples conciertos y actuaciones durante el Festival de Verano.
A continuación se puede llegar hasta la catedral, construida gracias a Ricardo Corazón de León, que ofreció dinero a la ciudad para ello tras salvarse de un naufragio frente a la isla cercana de Lokrum. Y, tras realizar una pequeña visita en su interior, es hora de cruzar la puerta de piedra situada a la derecha que da al puerto del casco antiguo, en el que hay varios restaurantes y desde el que salen barcos que ofrecen excursiones a distintas islas. Las vistas típicamente mediterráneas del pequeño puerto no dejan indiferente a nadie.

De vuelta al interior de las murallas, se puede llegar hasta la plaza Gundulićeva Poljana, que por la mañana alberga el mercado, donde se pueden adquirir recuerdos fabricados artesanalmente y una estatua del poeta Ivan Gundulić. Desde allí, se puede acceder a la iglesia de San Ignacio a través de una enorme escalinata que ha sido escenario de rodajes de Juego de Tronos.
También desde la plaza Gundulićeva Poljana se puede seguir por otra de las calles más comerciales del casco antiguo, la calle od Puča, donde se encuentra la iglesia ortodoxa de la ciudad.

Y para terminar la jornada, qué mejor que acercarse al café Buza, al que se accede desde el interior de las murallas, cruzando una pequeña apertura en el extremo orientado al mar. El bar, se encuentra fuera de ellas y ofrece unas maravillosas vistas al mar y a la isla de Lokrum. Es ideal para ver atardecer.

Segundo día en Dubrovnik

Tras haber disfrutado de una jornada en el interior del casco antiguo, es un buen momento para realizar un largo paseo por sus murallas, que constituyen uno de los sistemas de fortificación en mejor estado de conservación en Europa.

Aunque el acceso principal está situado nada más entrar por la puerta de Pile, las murallas tienen otros dos accesos: uno situado cerca de la entrada de Ploče, en el extremo opuesto a Pile, y otra cerca del museo marítimo. Entrando por Pile, a mano izquierda, se encuentra la taquilla. Los precios son un tanto elevados, pero ofrecen ciertos descuentos para colectivos específicos y es una experiencia que merece la pena.

Una vez adquiridas las entradas, se accede al inicio del recorrido mediante unas escaleras. Es recomendable empezar el recorrido pronto, especialmente en los meses más cálidos, para evitar golpes de calor o aglomeraciones. Los momentos de mayor afluencia son alrededor del mediodía, cuando se realizan varios tours para los pasajeros de los cruceros que visitan Dubrovnik en un solo día. Por eso, es preferible evitar esos momentos del día.

Para recorrer las murallas, de2 km de longitud, se necesita alrededor de una hora y media y desde ellas se puede disfrutar de unas preciosas vistas al mar y a la ciudad e ir descubriendo las fortalezas, los bastiones y las torres. De las cinco fortalezas, solo dos son independientes a las murallas: Revelin, situada cerca de la puerta de Ploče, y Lovrijenac, un imponente fuerte erigido en una roca cerca de la zona de Pile. El primer tramo ofrece las mejores vistas de este último, lugar en el que se representan obras de teatro durante el Festival de Verano y en el que se han grabado múltiples escenas de la conocida serie Juego de Tronos. Un dato importante es que la entrada al fuerte Lovrijenac está incluida con el mismo tique de las murallas. Sin duda, para los amantes de la arquitectura y la historia, es algo que no hay que perderse.
El primer tramo puede terminar en el museo marítimo o en el acceso de Ploče, tras haber gozado de unas vistas únicas al puerto antiguo. En ese punto se puede terminar el recorrido o seguir y realizar la mitad restante por la parte interior de las murallas, visitando el fuerte Minčeta, el más elevado de la ciudad.

Después de comer, es buen momento para pasearse o ir a tomar un poco el sol a la playa Banje, a la que se accede saliendo por la puerta de Ploče y caminando unos 5 minutos. Es una de las playas más amplias de Dubrovnik y sus aguas son cristalinas. Además, dispone de un bar restaurante muy agradable y ofrece la posibilidad de realizar actividades acuáticas.
Cuando el sol vaya de baja, es el momento perfecto para subir con el teleférico hasta el monte Srđ. El precio del billete es un tanto elevado, por lo que si se dispone de coche, es preferible subir por carretera. Sin embargo, en caso contrario, las vistas lo valen. Desde la cima se puede ver toda la zona costera cercana, así como las islas de los alrededores. También en la cima hay un bar restaurante con vistas increíbles que ofrece comida de buena calidad y a precios bastante asequibles.
También en Srđ se encuentra el museo del fuerte Imperial. El fuerte, construido por Napoleón durante la ocupación francesa en 1806 fue utilizado militarmente en múltiples ocasiones por el imperio austrohúngaro y Yugoslavia. Pero adquirió todavía más importancia al ser escenario de uno de los momentos históricos más recordados de la región. El 6 de diciembre de 1991, el ejército serbomontenegrino atacó el fuerte en la que fue una batalla decisiva. Los defensores de Dubrovnik prevalecieron, algo que significó el inicio del fin de la guerra en la región. Hoy en día, el fuerte alberga un museo de la Guerra de la Independencia Croata con objetos, armas, fotografías y documentos históricos.

Por la noche, de regreso al casco antiguo, la ciudad se llena de luces y hay cafés y restaurantes en los que se puede disfrutar de música en vivo y de todo tipo de bebidas.

Tercer día en Dubrovnik
Después de dos días llenos de historia y cultura, es momento de relajarse y disfrutar en mitad de la naturaleza. La isla cercana de Lokrum, también conocida como isla del amor, constituye un parque natural ideal para pasar la mañana. Los barcos hacia la isla zarpan desde el puerto del casco antiguo cada media hora y el billete de ida y vuelta ronda los 8 €. El trayecto dura unos 10 minutos, tras los que se llega a este maravilloso parque natural. Una de las curiosidades de la isla es que está habitada por multitud de pavos reales que campan a sus anchas entre los turistas.

En la isla, se puede disfrutar de un baño tanto en el mar como en el lago de agua salada que se encuentra en su interior. Para los amantes del excursionismo, es posible recorrer la isla entera y subir hasta el fuerte situado en la única colina de la isla, construido durante la invasión francesa. Además, la isla dispone de distintos restaurantes, por lo que se puede comer en el lugar.

Otra de las opciones es visitar las islas Elafiti. Es posible ir por libre con los ferris que zarpan del puerto de Gruž o con distintas agencias que organizan excursiones en barco organizadas con comida y bebida ilimitada incluidas. Sin embargo, para esta última opción hay que reservarse todo el día.

En caso de elegir Lokrum, una buena opción por la tarde es coger el autobús número 6 desde el centro e ir a descubrir Lapad, una zona turística algo más tranquila que goza de un bonito paseo arbolado lleno de cafeterías, y restaurantes y que termina en la playa de Lapad, desde donde hay unas maravillosas vistas del atardecer. Una vez en la playa, se puede seguir andando por un caminito a orillas del mar, asfaltado y muy bien adaptado. El camino, además de ser muy agradable, dispone de preciosas vistas y de algunos bares, entre los que destaca el bar cueva More, excavado en la roca y con una terraza a tocar del mar, perfecta para acabar de pasar una tarde relajada.

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