Catacumbas de Siracusa

Las Catacombe di San Giovanni (Catacumbas de San Juan) se hallan en la ciudad de Siracusa. Este cementerio subterráneo ocupa una enorme extensión, tanto que cuenta una leyenda urbana que un grupo de alumnos acompañado por su profesora desapareció en su interior al no encontrar jamás la salida. Las Catacombe di San Giovanni consisten en numerosas galerías interseccionadas entre ellas, formando una especie de ciudad subterránea, con sus calles, cruces y plazas. Se encuentran completamente vacías ya que a lo largo de los siglos han sufrido la profanación por parte de los Vándalos y Sarracenos, entre otros pueblos invasores.

En su interior se encuentran tres diferentes tipos de sepulturas: lóculos, que son pequeños huecos rectagulares para el entierro de niños y niñas; arcosolium, que son tumbas más grandes, enmarcadas por arco de medio punto y decoradas con hermosas pinturas al fresco, adonde a menudo venían enterradas familias enteras; y las fosas simples, excavadas en el suelo para aprovechar todo el espacio disponible. Éstas últimas se encuentran en su gran parte cubiertas con tierra para facilitar el pasaje de sus visitantes.

La galería principal, denominada decumanus maximus, fue construída aprovechando un antiguo acueducto griego del que aún quedan trazas sobre la bóveda de la misma. Desde aquí las Catacumbas se ramifican en cinco brazos hacia la izquierda y otros cinco hacia la derecha. Algunas de estas galerias secundarias conducen a una especie de cámaras grandes o rotondas, con lucernario central, adonde se realizaban ritos cristianos, y que fueron construídas en el lugar en donde se encontraban los antiguos depósitos del acueducto. Cada una de estas rotondas han sido denominadas según los restos o inscripciones encontradas en ellas. Así encontramos la llamada Rotonda de Marina, a través de la cual se accede a una pequeña galería que conduce al arcosolium del obispo Siracosio, tumba incisa con estupendos monogramas. Desde esta rotonda se llega a la llamada de Adelfia, denominada así porque a finales del siglo XIX fue encontrado aquí un bellísimo sarcófago de mármol, actualmente expuesto en el Museo Paolo Orsi de Siracusa, decorado con el busto de Adelfia junto al de su marido, entre otros magníficos ornamentos. La tercera rotonda es la de los Sarcófagos, también conocida como la de las Siete Vírgenes por la presencia de una inscripción dedidada a varias de ellas. Muy cerca de aquí se encuentra el Cubículo de Eusebio, de forma cuadrada, adonde tiempo atrás acogió el cadáver del Papa Eusebio. Aquí mismo se encuentra también una interesante inscripción de fallecimiento, en cuanto confirma la devoción que los habitantes de Siracusa mostraban ya en el siglo V por Santa Lucía, patrona de la ciudad. En el lado opuesto de las catacumbas destaca la llamada rotonda de Antioquia, un hermoso panteón construído en el subsuelo. Para acceder a él es necesario atravesar una escalera sobre cuyas paredes permanecen las huellas de lo que debieron ser unas columnas con capiteles. En el interior del panteón se encuentra la tumba de Antioquia y un bellísimo arcosolium con numerosas tumbas excavadas en fila.

A un cierto punto, en la galería principal, encontramos un arcosolium con una bellísima pintura al fresco llamada de Deodata en el que se retrata a Cristo, con los Apóstoles Pedro y Pablo, coronando a la difunta.

Una de las lápidas de las Catacumbas, al principio de la segunda galería sobre la izquierda del decumanus maximus, se encuentra la llamada Tumba del Santo que se caracteriza por presentar tres agujeros, detalle importante ya que confirma una vez más que este cementerio era cristiano. Dichos agujeros se utilizaban para un antiguo rito cristiano, y a través de ellos los vivos arrojaban vino, leche y miel al difunto el día del aniversario de su muerte, para que su alma tuviera una vida eterna.

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